La guerra de Siria
Siria está sufriendo una guerra intensa desde hace 5 años. Aunque este no sea el lugar para analizar en profundidad el caso, sí es necesario dar una explicación de la misma para entender la magnitud del desastre ocasionado.
El conflicto empezó por unas protestas de la población contra su gobierno, alentadas desde el exterior, que posteriormente se han convertido en una lucha armada; naciones como Turquía, Arabia Saudita, Qatar, Israel, Estados Unidos, Francia e Inglaterra, con el apoyo de otros países de la OTAN, han financiado, entrenado, armado y enviado a grupos radicales extranjeros, algunos ya utilizados en la guerra de Libia, que desde distintos lugares del mundo- se habla de más de 70 nacionalidades- han ido a combatir contra el gobierno sirio. Los supuestos grupos armados opositores internos se han pasado- o lo han estado siempre- a los grupos extremistas, o al ejército sirio finalmente; las fuerzas invasoras han coordinado sus fuerzas con el denominado Estado Islámico, proveniente de Iraq, al que se le atribuyen crímenes, atentados y el robo del petróleo sirio para venderlo fuera y así financiar la lucha armada. Por parte gubernamental, el gobierno Sirio ha contado con el apoyo de Rusia y de Irán y con las milicias de Hizbulá del Líbano. A partir de mediados del mes de septiembre pasado, el gobierno sirio pidió la intervención rusa directa en el conflicto la cual ha inclinado la contienda del lado sirio y facilitado el avance de su ejército mediante los bombardeos de la aviación sobre objetivos del Estado Islámico y sobre sus envíos de petróleo sirio hacia Turquía; además, las milicias kurdas de Siria han estado luchando también contra el estado islámico.
Resumiendo, y sin negar que pueda haber grupos descontentos con el gobierno de Siria, se puede afirmar que este conflicto no es una guerra civil, sino una compleja invasión armada en la que Estados Unidos y Turquía juegan un papel determinante (Red Voltaire, 22-2-2016).
La situación de Siria tradicionalmente ha sido muy delicada, pues, por una parte, en el mismo territorio han convivido grupos étnicos, religiosos y económicos diversos; su Constitución no es confesional lo cual lo facilita aunque al mismo tiempo irrita a ciertos grupos musulmanes fundamentalistas; por otra, Siria ha mantenido una permanente oposición a Israel que ocupa parte de su territorio, los altos del Golán, y ha apoyado a los palestinos muchos de los cuales están refugiados en su territorio. Siria es también un aliado estratégico de Rusia con la que mantiene estrechos lazos económicos y militares, y una base naval rusa está instalada en su litoral mediterráneo.
Esta situación delicada se mantenía bajo la autoridad firme de un grupo político, Baas, uno de cuyos dirigentes es el actual Presidente Al Asaad; un ejército potente ayudaba a afirmarla. Diversos y fuertes intereses económicos y geoestratégicos externos, que se inscriben en el acoso global de Estados Unidos a Rusia, eran incompatibles con esta situación de delicado equilibrio, que ha sido roto de la manera ya indicada más arriba, provocando esta guerra que ya dura 5 años. En ella se ha aplicado el guión ya conocido: se fabrica o identifica el enemigo a abatir (en este caso, Al-Asaad), se le demoniza (“es el responsable de la situación”), se crea una gran mentira mediática (“Al- Asaad asesina a su pueblo”) y después se ataca, si es posible utilizando fuerzas interpuestas para eludir la acción de Tribunal Penal Internacional, y sobre todo controlando la información, ocultando o distorsionándola, lo que permitirá contar con la opinión general en la nueva aventura guerrera.
Las víctimas
Esta guerra ya ha provocado numerosas víctimas y daños incalculables, materiales y culturales (400 lugares arqueológicos están gravemente afectados). Los daños materiales se cifran en 240.000 millones $ (equivalente a 50 veces los daños del reciente terremoto en Ecuador); a ellos hay que añadir el régimen de sanciones que se aplican a Siria que la impiden abastecerse de alimentos, medicinas y materiales para la reconstrucción.
La presidencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en su sesión de primavera de 2015, dijo textualmente ”las acciones que desestabilizan Siria y la región tienen consecuencias humanitarias devastadoras para la población civil”.
A lo largo de estos 5 años, el total de víctimas mortales puede fijarse al menos en 250.000 (según datos de Naciones Unidas-UN -a mediados de 2015); es difícil conocer cuántas son combatientes directos y cuántas son civiles: se estima que las primeras son alrededor de 150.000 y las víctimas civiles unas 100.000 (Observatorio sirio de Derechos Humanos con sede en Londres). El total de heridos se cuenta por centenares de miles. Esta población, muerta o herida, lo ha sido a causa de tiroteos, bombardeos, ataques suicidas, matanzas selectivas o por servir como escudos humanos.
Conviene decir aquí que, por lo menos en nuestro país, las barbaridades de la guerra sólo se han contados desde la óptica de los protegidos de occidente, los sublevados, con pocas garantías profesionales sobre lo que se informaba, y en escasas ocasiones se han creído los datos que proporcionaba el gobierno sirio, excepto cuando les eran desfavorables.
Más de la mitad de la población de Siria, unos 12,5 millones de personas están en situación de necesidad (refugio, alimentación, agua potable, sanidad, educación y trabajo,…), siendo esta proporción la misma en la que están afectados los servicios públicos esenciales en el país.
Los desplazados en el interior del país son alrededor de 8 millones. El número de refugiados en los países vecinos se eleva a 4,5 millones (según datos de UN ): 2,5 millones están en Turquía, 1,1 millones en Líbano, 0,6 millones en Jordania, 0,3 millones en Iraq y 0,1 millones en Egipto; 1 millón de todos estos refugiados han pasado a Europa en 2015. Esta población está acogida en campamentos, que reciben ayuda, aunque escasa, de ACNUR y organizaciones humanitarias; otros viven en situación generalmente difícil dentro de la población civil de las naciones que los reciben, con sus propios medios y con la ayuda de organizaciones humanitarias o los familiares. Para llegar a los países a donde están han tenido que pasar calamidades sin número y pagar a mafias en muchos casos.
De entre las víctimas requiere una atención especial los menores afectados: muchos de ellos han muerto, unos 11.000, debido a los combates, las enfermedades y los desplazamientos (en la travesía del Mediterráneo han fallecido, en el último año, 1.068 menores). Los sobrevivientes está afectados en sus necesidades básicas y expuestos a los mismos peligros que sus familias y específicamente les afecta la destrucción de sus escuelas y la interrupción de sus estudios, el stress debido a las situación que están soportando y los posibles abusos laborales y de cualquier otro tipo a los que estarán sometidos (Europol ha denunciado recientemente que se ha perdido la pista de 10.000 menores llegados a Europa).
La travesía del Mediterráneo
Una especial consideración merece el tema de la travesía del Mediterráneo. En el año 2014 llegaron a Europa 250.000 refugiados / emigrantes, pero el número se incrementó considerablemente en 2015 con más de 1 millón, según todas la fuentes. Para la mayoría de los llegados a las fronteras europeas, después de un largo éxodo de meses y aún de años desde sus países de origen, aún les espera la dura prueba de la travesía del Mediterráneo, pues pocos pasan directamente por tierra a través de Grecia o Bulgaria. Después de pagar enormes cantidades de dinero a las mafias de traficantes, son hacinados en frágiles embarcaciones, que no todas llegan a su destino. Llegan a Europa partiendo de Libia hacia Italia (170.000) o de Turquía hacia Grecia (800.000), o a través de Ceuta y Melilla (cifras de 2015); frecuentemente llegan en malas condiciones físicas; otros se quedan en el camino, habiéndose cobrado esta travesía la vida de 3500 seres en 2014; 3600, en 2015, siendo 24.000 las personas muertas desde el año 2000 hasta nuestros días, de toda edad y condición.
Refiriéndonos solo a los que pueden demostrar su condición de refugiado, una vez llegados, todavía les espera un largo recorrido, más difícil para muchos teniendo en cuenta la dificultad del idioma: han de solicitar asilo en el país de llegada (no todos lo saben); durante el tiempo de tramitación de su solicitud reciben alguna ayuda de alojamiento y manutención. Si se les concede el asilo, tiempo que puede llegar hasta un año, se pasa a otra fase en la que la protección aumenta; si se les niega el asilo, son expulsados, aunque no en todos los casos se hace efectiva la expulsión, quedando la persona en un limbo jurídico temiendo que cualquier día se haga efectiva.
Para otros muchos, procedentes de África generalmente, se les reconoce más difícilmente la condición de refugiado, procediéndose a su internamiento y posteriormente a su expulsión.
La reacción de Europa
La llamada crisis de los refugiados de 2015, y la llegada continua durante el año actual (100.000 en los dos primeros meses), ha puesto a la UE en estado de alerta. Mientras los millones de refugiados estuvieron en otros países, parece que el problema no existía y apenas se movió un dedo para tratar de evitar la guerra, pero cuando atravesaron nuestras fronteras y llegaron al territorio de la UE, todo se descompuso (el motivo de esta súbita marcha a Europa no está claro pero muchos piensan que ha sido alentada por intereses varios que van desde los económicos de una mano de obra barata hasta los políticos de comprometer a la UE de una manera más activa con la guerra en Siria). Cualquiera que sea la circunstancia, lo cierto es que después de una primera acogida emotiva, enseguida empezaron las reacciones de los gobiernos cerrando las fronteras para evitar el tránsito hacia Europa central, destino de la mayoría de los refugiados; finalmente, después del cierre de las fronteras interiores, los emigrantes han quedado asentados en Grecia e Italia, lugares a donde llegaron y siguen llegando.
La UE, en su conjunto, según los datos disponibles, en 2015, ha recibido, 800.000 solicitudes de asilo y no se sabe todavía todas las que se han concedido (en el 2014, solo recibieron una respuesta favorable el 45% de las que en ese año se admitieron; el estado español, solo dio respuesta positiva al 27% de las que se presentaron en nuestro país). Alemania, Francia, Reino Unido e Italia son los países que más solicitudes conceden y España uno de los que menos.
A lo largo de 2015, la UE se comprometió a dar asilo a 160.000 refugiados en 2 años, pero hasta ahora apenas medio millar lo ha obtenido, sin hablar del vergonzoso chalaneo de las cuotas nacionales de asignación de refugiados de las que hoy apenas se habla.
En octubre del pasado año, la UE destinó la aplicación de 9.600 millones de € en 2 años, como ayuda a refugiados- a 160.000. Se ha llegado a un acuerdo UE- Turquía para la devolución a este país de los refugiados no acogidos para lo cual se le dará 6.000 millones de €, además de otras facilidades (acuerdo muy cuestionado por numerosas organizaciones de ayuda a refugiados). Igualmente se prometió, el pasado 2015, a algunos países de África 1800 millones de € con el mismo fin.
Por otra parte, Europa no descuida la vigilancia militar del Mediterráneo a través de la agencia Frontex. (Fuentes: Organización Internacional de Migraciones- OIM; ACNUR, CEAR; agencias)
La respuesta internacional
Si nos referimos a la respuesta internacional que se ha dado al conflicto sirio para tratar de frenarlo y aliviar la situación de las víctimas, ya hemos indicado la acogida de refugiados por parte de los países limítrofes y la respuesta europea. El Consejo de Seguridad de UN, desde 2012, ha emitido distintas resoluciones que reiteran la unidad e integridad territorial de Siria e indican que la solución vendrá de un proceso político inclusivo y dirigido por Siria. Impulsadas por Rusia y apoyadas por UN ha habido conversaciones en Viena y Ginebra entre las partes durante estos años; sin embargo, la guerra ha continuado y solo en contadas ocasiones se ha producido alguna tregua humanitaria; hay que señalar que Siria entregó en su momento todo su arsenal químico bajo supervisión internacional. La entrada en el conflicto del Estado Islámico ya hemos dicho que supuso un fuerte revés para el ejército sirio, y la continuación del éxodo del pueblo. Las acciones de la Coalición internacional liderada por Estados Unidos contra el EI no dieron ningún resultado; la intervención de Rusia desde septiembre de 2015 dio un vuelco a la situación y a partir de entonces el ejército sirio ha tomado la iniciativa, y fruto de esta nueva situación fue la reunión del Consejo de Seguridad de diciembre de 2015 en la que se fijaron una serie de medidas a implementar sucesivamente en orden a terminar con la guerra; la fracasada reunión posterior de Ginebra, la siguiente de Munich y un acuerdo de alto el fuego de finales de febrero de 2016 entre Estados Unidos y Rusia, y las posteriores reuniones de Ginebra tienen visos de avanzar hacia la terminación del conflicto, no sin muchas dudas. ACNUR lo viene repitiendo “la solución más evidente consiste en realizar un esfuerzo sin precedentes para llevar la paz a los países devastados por la guerra” (mayo, 2015)
Situación general de la región
No terminaríamos la descripción de la situación si no dijéramos algunas palabras sobre la región. La desestabilización de toda la zona de Oriente Próximo y Medio se remonta al menos tres décadas atrás: comenzó en los años 80 con el apoyo de Estados Unidos a los combatientes afganos en su guerra contra la URSS; en aquellos años nació Al- Qaeda, creada por los norteamericanos; sucesivamente y después de la desmembración de la URSS surgieron una serie de conflictos: I Guerra del Golfo (1991), ataque contra las Torres Gemelas y guerra de Afganistán (2001), II Guerra del Golfo (2003) que desmembró al país; primaveras árabes y guerra de Libia (2011); y finalmente la guerra de Siria, en el mismo año; a estas guerras se une la permanente desestabilización que produce la agresión israelí sobre el pueblo palestino (últimas guerras de Gaza de 2008, 2012 y 2014).
Los efectos de todos estos conflictos todavía persisten y han convertido a la zona, rica en petróleo y cuna de antiguas civilizaciones, en un peligroso polvorín que lleva explotando repetidamente y cuya responsabilidad hay que endosarla sobre todo a los países occidentales unidos en la OTAN bajo la batuta de Estados Unidos.
Las víctimas que han causado son elevadísimas y los daños materiales, culturales, ecológicos… son incalculables: según un informe de la FAO de 2015, las personas que pasan hambre se han duplicado en esta zona, desde la I Guerra del Golfo hasta la fecha, y según ACNUR y UNRWA, agencias de UN, en 2014, los refugiados y desplazados en toda la zona alcanzaban la cifra de 26,5 millones de personas.
¿Quién gana y quién pierde?
¿Quiénes son los beneficiarios de estas guerras? El control del petróleo y los oleoductos que lo transportan interesan a Estados Unidos y Europa; Estados Unidos en su empeño de dominio global intenta controlar la zona, y ejerce de gendarme bien directamente o por medio de Israel; las empresas de armamento, cuyas firmas más importantes están en Estados Unidos suministran equipo bélico a los países de la zona, principalmente a Arabia Saudita; las empresas que reconstruirán Siria, como ya sucedió con Iraq, recibirán suculentos encargos para ello; en fin, las mafias que están haciendo un negocio fabuloso, …todos tienen intereses que no quieren perder.
¿Quiénes pierden? Los pueblos, que se diezman y arruinan, la cultura que se arrasa y la ética universal que se degrada.
Actualizado en abril de 2016
En los siguientes enlaces te puedes descargar el documento completo:
en formato LibreOffice: Victimas de la guerra
en formato pdf: Victimas de la guerra
En los siguientes enlaces teneis más información sobre este tema:
https://www.youtube.com/watch?v=MmeK-2CPPQY
https://www.youtube.com/watch?v=ATlwAPTyJ7I
https://actualidad.rt.com/programas/zoom